Testimonios como el que voy a narrar a continuación, ilustran uno de tantos aspectos gratificantes de ser músico y de recorrer tantas ciudades y escenarios diferentes, siempre buscando el contacto y la satisfacción del público. Tengo una canción para piano titulada, de manera algo ambiciosa, Preludio, que data de 1.982 y grabada en el disco “Como un Libro Abierto”, que publique en 1.996. Esta pieza, que tiene una serie de frases cortas y consecutivas sin seguir ninguna estructura convencional, la he tocado en conciertos y recitales recibiendo comentarios neutros como…interesante…, o…melancólica…, pero nunca había escuchado una voz de aprobación como la que recibí de un asistente a un recital de piano realizado en Montevideo el mes de noviembre de 2.007, quien se acercó a saludarme a la salida del concierto para decirme que le había impresionado esta canción. En ese momento me asaltó la duda porque la interpretación de la pieza no había sido la mas lúcida, gracias al cansancio de un largo viaje, sino mas bien una versión “de trámite”, como bien llamaba mi filósofo de cabecera, el profesor Maturana, a los partidos que la selección Colombia de su época empataba.
La reacción de este espectador tenía una motivación adicional que inmediatamente relacioné con la capacidad de estimular la imaginación que tiene la música. Resulta que antes de tocarla, les conté a los asistentes que la canción estaba inspirada en los cantos de los pájaros de mi país. Esta afirmación funcionó como detonante para que algunos de los oyentes empezaran a buscar la relación de las distintas frases melódicas del tema con ciertas variedades de aves tropicales, que desde esas latitudes se deben suponer como exóticas y cautivantes. Este entretenido ejercicio disparó la creatividad de los oyentes y les permitió participar de manera mas activa en la audición.
Hay que ver como una buena descripción del contexto creativo logra que una obra sea recibida con entusiasmo, o con indiferencia. Así, con argumentos claros, cualquier oficio cotidiano adquiere mayor trascendencia y el espectador comprende mejor su contenido. Cuando el intérprete que va mas allá de la ejecución de una pieza y utiliza este recurso, transmite una visión que puede hipnotizar al oyente con imágenes que luego su cerebro, y su corazón, se encargan de convertir en visiones palpables. Es tal vez por eso que los conciertos masivos de hoy en día acuden a tantos recursos visuales y técnicos para generar estas ensoñaciones, que el buen oyente no necesita a la hora de comprender y disfrutar una buena ejecución. Por eso es siempre recomendable medir la capacidad del público para el que uno esta tocando, e interpretar el repertorio con la intención de hacerle justicia a lo que el compositor quiso plasmar en las canciones, y no con el vano objetivo de lucirse como intérprete. Esta postura actúa en favor del público, y resulta beneficiando de paso al intérprete. Estoy seguro que muchos colegas lectores han recogido de sus experiencias como músicos, miles de anécdotas enriquecedoras como esta, que seguro querrán compartir en este blog de SAYCO.
Enlace de audio: blogs.myspace.com/acevedoscar
Autor: Oscar Acevedo
acevemus@yahoo.com